El concepto adaptativo de la felicidad según
el Gorgias de Platón ysuaplicación actual
The adaptive concept
of happiness according to Plato’s
Gorgias and its current application
José Antonio Beraún-Barrantes
1,a
https://orcid.org/0000-0001-8979-2734
Fuentes de financiamiento
La investigación fue realizada con recursos propios.
Conflictos de interés
El autor declara no tener conflictos de interés
Correspondencia
José Antonio Beraún
Barrantes Dirección:Huánuco,
Perú.
Cel.: 996 264 477
Email:
rectorudh@gmail.com
Recibido: 08-04-2021
Aceptado: 01-06-2022
Citar como
Beraún-Barrantes, J. A.
(2022). El concepto adaptativo de la felicidad según el Gorgias de Platón y su aplicación actual. Desafíos,
13(2), 123-8. https://doi.org/10.37711/desafios.2022.13.2.373
RESUMEN
En el Gorgias de
Platón podemos encontrar la respuesta
a dos preguntas
que son orientadoras en el planteamiento
ético platónico: la primera es una pregunta
ontológica, “¿cómo debemos
vivir?”; y la segunda es una pregunta epistemológica, “¿cómo podemos saber cómo debemos vivir?”. Las respuestas a ambas preguntas
están relacionadas a otros conceptos como la virtud,
el bien, la justicia y la felicidad. En el presente trabajo
nos concentraremos en el concepto de felicidad según
el Gorgias de Platón,
como uno de los caminos
para responder a las preguntas que nos planteamos y como una vía para el logro
de una convivencia pacífica entre
los hombres. Sobre
todo, en los tiempos que ahora nos toca vivir, donde la satisfacción hedonista de los deseos puede afectar a otros miembros
de la comunidad presente y futura.
Si bien es cierto que el Gorgias desarrolla conceptos como retórica, justicia o bien, entre otros, detrás de estas discusiones se encuentra el otro objetivo del diálogo que responde a las preguntas
sobre la moral,
las cuales son las que nos interesan en el presente trabajo.
Palabras clave: hedonismo; placer;
felicidad; bien; razón; deseo; satisfacción.
ABSTRACT
In Plato's Gorgias we can find the answer to two questions that are guiding in the Platonic ethical approach: the first is an ontological question, "how should we live?"; and the second is an epistemological question, "how can we know how we should live?". The answers to both questions are related to other concepts such as virtue, good, justice and happiness. In this paper we will focus on the concept of happiness according to Plato's Gorgias, as one of the ways to answer the questions we are asking ourselves and as a way to achieve a peaceful coexistence among men. Especially in the times in which we live, where the hedonistic satisfaction of desires can affect other members of the present and future community. While it is true that the Gorgias develops concepts such as rhetoric, justice or good, among others, behind these discussions there is the other objective of the dialogue that answers questions about morality, which are the ones that interest us in the present work.
Keywords: hedonism;
pleasure; happiness; good; reason; desire; satisfaction.
Filiación y grado académico
1 Universidad
de Huánuco, Huánuco, Perú.
a Médico cirujano.
INTRODUCCIÓN
El Gorgias es uno de los diálogos platónicos que además de ser un diálogo
sobre temas como la retórica, la justicia, el placer o el bien,
trae respuestas éticas y
morales a la pregunta ontológica “¿cómo debemos vivir?” y la interrogante epistemológica
“¿cómo podemos saber cómo debemos vivir?”. Se trata por tanto de un conjunto de
respuestas que queremos precisar con la finalidad
de contribuir a la
convivencia pacífica entre los hombres,
precisamente en estos tiempos
donde el comportamiento humano está signado por una conducta
hedonista que busca la satisfacción de los deseos sin
ningún criterio de racionalidad. Las reflexiones éticas y morales
que se desprenden de este diálogo
no han perdido vigencia y son perfectamente aplicables a la sociedad
actual, para el logro de un mundo mejor donde todas las generaciones tengan las mismas posibilidades de vivir en armonía.
Sin embargo,
tenemos que empezar tratando de definir lo que es la felicidad, tema central del presente
trabajo, donde nos encontramos con una gran dificultad derivada de la libertad de pensamiento y el
libre albedrío que es una característica esencial
del ser humano. La dificultad es grande, pues la felicidad tiene diferente conceptualización
de acuerdo a la persona que en uso de sus preferencias la definirá conforme a
sus propios intereses. Para unos será la fortuna material
lo que le signifique ser feliz, para otros será el honor
lo más importante para ser feliz;
y así, tendremos otras preferencias como la salud, la gastronomía, el
conocimiento, el poder etc. Por lo tanto, dada la multiplicidad de opiniones es
difícil encasillar dentro de un concepto de mayor alcance lo que es la felicidad. En el presente
trabajo desarrollaremos el concepto de felicidad adaptativa que es desarrollada en el Gorgias.
Algunos conceptos de felicidad en la edad antigua y
en la edad moderna
Sócrates asociaba la felicidad a la
virtud como sinónimo de saber, que es lo que se conoce como intelectualismo
moral, según el cual la persona que
actúa sin miras al bien lo hace porque desconoce lo que éste es, y quién conoce
lo que es el bien de ninguna manera actuaría para lograr el mal. Sin embargo, esta posición tiene
el lado vulnerable de la voluntad, que
finalmente determina la actuación de las personas, dándose
el caso de que personas
que conocen el bien,
actúan en contra
de este y producen
acciones reprochables.
Hay que decir al respecto,
que el papel
de la voluntad se expresa de manera clara
en la Fundamentación de la
metafísica de las costumbres, de Immanuel Kant
(1999), que propugna como base de la felicidad una buena voluntad. Al respecto
dice:
No puede ser el único
bien ni todo el bien, ciertamente, pero tiene que ser el bien sumo y la
condición para todo el restante, aun para todo anhelo de felicidad, caso en el
cual se puede muy bien armonizar con la sabiduría de la naturaleza la percepción de que el cultivo de la razón, que es preciso para aquel
propósito primero e incondicionado, puede restringir, por lo menos en esta
vida, la consecución del segundo propósito, que siempre es condicionado, a saber, el de la felicidad. (p.
123)
Por tanto, Kant
le da a la voluntad, a la buena voluntad, el carácter de bien sumo, dejando a
la razón como la encargada de su fundación, para la satisfacción de los deseos
de manera racional.
La razón también
tiene gran importancia en la búsqueda de la felicidad en la doctrina epicúrea, tal como podemos objetivar en Dinnick (1968), quien asevera:
La doctrina epicúrea de la
felicidad como fundamento natural de la vida moral (eudemonismo) no significa
de ninguna manera la prédica amoral de los burdos placeres sensibles, como
tratan de hacer ver los vulgarizadores y falsificadores de la historia de la filosofía. Epicuro enseñaba
la necesidad de subordinar las inclinaciones sensuales a la razón. (p. 121)
Dicho de otro modo, Epicuro no está proponiendo la satisfacción de los
deseos de manera
desordenada e irracional, sino que estos deben someterse al ejercicio de la razón
para una actuación racional en el momento de su satisfacción.
Los cínicos
por su parte, con su máximo exponente Diógenes de Sinope, quien vivió
en el siglo IV a.C., propugnaban el rechazo
a todo tipo de necesidades para ser felices, sean
estas materiales o espirituales;
por lo que rechazaban todo tipo de riqueza material, la ciudad, la familia,
el Estado, para evitar todo tipo de relación que causara dolor
y sufrimiento. Al respecto,
Marías (1966)
comenta:
El
bien del hombre
consiste simplemente en vivir
en sociedad consigo mismo. Todo lo
demás, el bienestar, las riquezas, los honores y sus contrarios, no interesan. El placer de los sentidos y el amor son
lo peor, lo que más
hay que rehuir. El trabajo, el ejercicio, el
comportamiento ascético, es lo único deseable. Como el cínico desprecia todo lo que es
convención y no naturaleza, le es indiferente la familia y la patria, y se siente Kosmopolites, cuidando
del mundo. (p. 86)
Al igual que los epicúreos, los estoicos sostienen que el objetivo de la vida es
alcanzar la felicidad, viviendo conforme a la naturaleza, que alcanza la
felicidad practicando la Apatía. Al respecto, Reale (1995) comenta:
Las pasiones de las que depende
la infelicidad del hombre,
son para los estoicos un error de la razón o una consecuencia directa de dicho
error. Dado de que se trata de errores del logos,
es evidente que carece de sentido para los estoicos moderar o circunscribir las
pasiones. Como ya decía Zenón, hay que destruirlas, extirparlas, erradicarlas
totalmente. El sabio preocupándose por su logos y tratando de que sea lo más
recto posible, no permitirá que
nazcan siquiera las
pasiones en su corazón o las
aniquilará en el preciso momento que nazcan.
En esto consiste la famosa
apatía estoica, en la
eliminación y la ausencia de cualquier pasión, que en todos los
casos representa nada
más que una perturbación del ánimo. La felicidad, pues, es apatía,
impasibilidad. (p. 236)
Según
Aristóteles, el bien supremo del hombre es la felicidad, la eudaimonía,
la cual se presenta como un fin en sí mismo en la vida del hombre, es decir,
tiene carácter teleológico. Aristóteles (1985), entonces expone:
Sencillamente, llamamos perfecto lo
que siempre se elige
por sí mismo y nunca
por otra cosa. Tal parece ser, sobre todo, la felicidad,
pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los
honores, el placer, la inteligencia
y toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismos (puesto
que desearíamos todas estas
cosas, aunque ninguna ventaja resultara de ellas),
pero también las deseamos
a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos
felices. (p. 142)
Los utilitaristas por su parte
defienden la felicidad como el único fin válido de la
conducta humana y evalúan la conducta
de las personas por la cantidad
de satisfacción o insatisfacción de los deseos,
siendo preferibles los actos
por los cuales
se logra una mayor
satisfacción. Stuart Mill
(1974) comenta sobre esto:
(L)a felicidad es el único fin
de los actos
humanos y su promoción es la única
prueba por la cual se juzga la conducta humana; de donde se
sigue necesariamente que éste
debe ser el criterio de la
moral, puesto que la parte
está incluida en el
todo. (p. 75)
Por su parte, para Nietzsche (1977)
la felicidad no depende de normas morales
externas, sino que son
normas internas de cada individuo que buscan sus propios caminos hacia la consecución de la felicidad, sin seguir normas morales
externas. Al respecto, dice: A un individuo
que persigue la felicidad no hay
que darle preceptos acerca del camino que conduce a ella, ya que la felicidad
individual se produce según leyes que nadie conoce, y los preceptos externos no
pueden hacer más que impedirla o dificultarla. A decir verdad, los llamados
preceptos atentan contra los individuos, y en modo alguno
tienden a hacerles felices. Por otra parte,
tales preceptos tampoco guardan relación alguna con la
felicidad y el bien de la humanidad, pues es totalmente imposible dar a estas
palabras un significado preciso, y menos
aún utilizarlas como si fueran un faro en el oscuro océano
de las aspiraciones morales…. Sólo en el caso de que la humanidad tuviera un fin reconocido universalmente podría
imponerse imperativos respecto a la forma de obrar; pero hoy por hoy no tenemos noticias
de que ese fin
exista. (p. 97)
Para
Schopenhauer, una felicidad positiva y perfecta es imposible, debiendo
ser nuestra aspiración la búsqueda de una
situación menos dolorosa, con lo cual podemos lograr todo el bienestar que la
vida admite, y para el cual los medios sólo estarán parcialmente en nuestro poder. Schopenhauer (2000) dice a propósito de esto:
La
sabiduría de la vida como doctrina bien podría
ser sinónima de la eudaimonia. Debería
enseñar a vivir lo más felizmente posible y, en concreto,
resolver esta tarea
aún bajo dos
restricciones: a saber, sin
una mentalidad estoica
y sin tener un aire de
maquiavelismo. La primera, el camino de la renuncia
y la austeridad no es adecuado,
porque la ciencia está calculada para el hombre normal y éste está demasiado
cargado de voluntad (vulgo sensualidad) como para querer buscar la felicidad por este camino:
la última, el maquiavelismo, es decir la máxima de alcanzar
la felicidad a costa de todos los demás, no es adecuada porque el hombre
corriente no se puede presuponer la inteligencia necesaria para ello. (p. 25)
Para
Schopenhauer, una felicidad positiva y perfecta es imposible, debiendo
ser nuestra aspiración la búsqueda de una
situación menos dolorosa, con lo cual podemos lograr todo el bienestar que la
vida admite, y para el cual los medios sólo estarán parcialmente en nuestro poder. Schopenhauer (2000) dice a propósito de esto:
La
sabiduría de la vida como doctrina bien podría
ser sinónima de la eudaimonia. Debería
enseñar a vivir lo más felizmente posible y, en concreto,
resolver esta tarea
aún bajo dos
restricciones: a saber, sin
una mentalidad estoica
y sin tener un aire de
maquiavelismo. La primera, el camino de la renuncia
y la austeridad no es adecuado,
porque la ciencia está calculada para el hombre normal y éste está demasiado
cargado de voluntad (vulgo sensualidad) como para querer buscar la felicidad por este camino:
la última, el maquiavelismo, es decir la máxima de alcanzar
la felicidad a costa de todos los demás, no es adecuada porque el hombre
corriente no se puede presuponer la inteligencia necesaria para ello. (p. 25)
El pensador alemán además agrega:
Luego viene la experiencia y nos enseña
que la felicidad y el goce son puras
quimeras que nos muestran una ilusión en las lejanías,
mientras que el sufrimiento y el dolor son reales, que se manifiestan a sí
mismos inmediatamente sin necesitar la ilusión y la esperanza. Si esta
enseñanza trae sus frutos, entonces cesamos de
buscar la felicidad y goce y solo procuramos escapar en lo posible al dolor
y al sufrimiento. (p. 29)
A continuación,
Schopenhauer emite una serie de reglas para lograr la felicidad (50 en total),
dentro de las cuales podemos mencionar las siguientes: “Regla número 2:
Evitar la envidia. Sabemos cuán cruel e implacable es la envidia
y, sin embargo, nos
esforzamos sin cesar
en suscitarla en los demás”
(p. 30). “Regla número
7: Reflexionar a fondo sobre
una cosa antes de emprenderla y una vez llevada a cabo
no angustiarse con
los resultados, sino
desprenderse plenamente del asunto” (p. 46). “Regla número 13: Cuando estemos
alegres, no debemos pedirnos permiso para ello con la pregunta de si tenemos
motivos para estarlo” (p. 48). “Regla número 22: Vivir feliz solo puede
significar vivir lo menos infeliz posible” (p. 59). “Regla número 25: Debemos
ver lo que poseemos como lo estaríamos mirando si alguien nos
lo quitara; sea
propiedad, salud, amigos, amantes, esposa e hijos,
la mayoría de las veces
solo sentimos su valor después de haberlos perdido” (p. 62). “Regla número 32: Al menos
nueve décimas partes de nuestra
felicidad se basan
exclusivamente en la salud”
(p. 67).
Discusión sobre el diálogo Gorgias
En el Gorgias (Platón, 2017) se inicia una polémica
entre Sócrates y Gorgias acerca de la retórica. Este último es un sofista famoso,
nacido en Leontinos, que se declara un retórico y define la
retórica como una actividad de las más excelsas, con la cual es capaz de convencer o persuadir sobre
cualquier tema a sus interlocutores. Gorgias acepta que
la justicia debe tenerse en cuenta en los discursos pero que, si alguno de sus discípulos no sabe lo que es la justicia, él mismo se encargaría de enseñarles; sin embargo,
no se puede culpar al maestro de los actos
injustos en que incurren los discípulos del
retórico.
Sócrates rebaja el concepto de la retórica
a un simple hábito, como la culinaria, que sólo busca
dar placer a las personas, sin buscar el bien. Sócrates declara que la
única retórica buena es aquella que busca el perfeccionamiento de sus
interlocutores, enseñando con la verdad. Sobre
la justicia, Sócrates la considera el fundamento de la retórica
y demanda una sanción justa
para cualquier infractor de las leyes, por lo que sostiene que es peor cometer una injusticia que sufrirla, proponiendo
que el castigo justo es como una curación del alma, que te libera de la culpa por los actos
injustos cometidos. Sócrates dice entonces:
Pues en mi opinión, Polo, el que
obra mal y es injusto es totalmente desgraciado; más desgraciado, sin embargo,
si no paga la pena y obtiene el castigo de su culpa, y menos desgraciado si paga la pena y alcanza el castigo
por parte de los dioses
y de los hombres. (p.
472).
De la polémica
sobre la retórica y la justicia se pasa a la discusión sobre
el placer y el bien,
en la cual Sócrates afirma que
el bien es epistemológicamente
superior al placer y que la satisfacción del placer debe tener en cuenta los
medios disponibles para su satisfacción. Sócrates
propugna además que para
conocer cómo hay que vivir,
debemos dominarnos a nosotros mismos, y ante la pregunta
de Calicles “¿qué entiendes por
dominarse a sí mismo?”, responde: “Bien sencillo, lo que entiende la mayoría: ser
moderado y dueño de sí mismo y dominar las pasiones y los deseos que le surjan”
(p. 491). En cuanto a la felicidad, Sócrates es partidario de una concepción adaptativa de la felicidad, que precisamente toma en cuenta
las condiciones para la satisfacción de nuestros deseos a
fin de evitar frustraciones por la insuficiencia de los medios para alcanzar su satisfacción y para no atentar
contra las posibilidades de satisfacción de los deseos de
otras personas.
En el Gorgias, Calicles, otro interlocutor del mismo
diálogo, manifiesta otro
concepto de felicidad, donde prima la autosuficiencia, según la cual es necesaria la prosperidad externa para ser
feliz. Sócrates dice en el Gorgias que se
debe preferir “en vez de una vida insatisfecha y desordenada, la que se provee y satisface ordenada y adecuadamente con las cosas que se hallan presentes en cada ocasión”
(p. 493). Al respecto,
según Irwin (2000), Sócrates sugiere:
(Q)ue satisfacemos estas condiciones sí y sólo si
adaptamos nuestros deseos
a las condiciones existentes para satisfacerlas y, de este modo,
aseguramos su satisfacción. Llamemos a esto
la concepción “adaptativa” de la felicidad. Afirma así mismo que, efectivamente una vida es feliz
cuando es “autosuficiente”, porque no necesita
nada más, y también es “segura”, porque es inmune al infortunio”. (p.
183)
En
todo caso, la recomendación socrática es que la satisfacción
de nuestros deseos, debe realizarse con criterio de sostenibilidad; es decir, que no afecte nuestra propia situación en el futuro,
ni la satisfacción de los deseos
de nuestros contemporáneos, ni de las generaciones
venideras.
Sin embargo, vivimos
en una época donde la satisfacción de nuestras necesidades no se realiza
con criterio de sostenibilidad; para dar cuenta
de ello basta verificar como se aprovechan los recursos naturales, sin ninguna consideración a
las necesidades de las generaciones
futuras. Entre otros daños, estamos entonces
frente a la devaluación de los suelos y las aguas
por las industrias, como la minería.
Tampoco hay consideración por los aires a cuyo deterioro contribuyen muchas
fábricas, sobre todo de países desarrollados,
que se niegan a reconocer los daños que producen
y ocasionan el calentamiento global.
El concepto de
felicidad que Sócrates expone en el Gorgias, es adaptativo, es decir, la búsqueda de la
felicidad de una manera racional, evitando la satisfacción de nuestros deseos
de una manera hedonista, donde la búsqueda del placer sea la única meta de la
persona, sin atender a criterios de
prudencia y templanza que finalmente configuraran
una conducta desordenada y alejada
de la virtud.
El Gorgias es entonces aquel diálogo platónico
donde, más allá de la discusión de la naturaleza de la retórica, y sobre la justicia y la injusticia, así como el valor
superior del bien sobre la simple búsqueda
del placer, es un diálogo del cual se puede extraer una recomendación moral
para la existencia pacífica entre los seres
humanos, que deben
encausar la búsqueda de la felicidad de una manera
racional, alejada de una
actitud egoísta que
solo busca el bienestar propio
sin tener en cuenta
a nuestros semejantes.
Un ejemplo claro
de actitudes irracionales en la satisfacción de los deseos es el incumplimiento
del Protocolo de Kyoto por parte de los países
industrializados que son responsables del 55% de la
emisión de gases
de efecto invernadero (GEI), dióxido nitroso (CO2),
el metano (CH4),
el óxido nitroso
(N2O) o los compuestos fluorados: los hidrofluorocarbonos (HFC),
los perfluorocarbonos (PFC)
y el hexafluoruro de azufre (SF6). Los Estados
Unidos de Norteamérica, por ejemplo, se
niegan a suscribir el Protocolo de Kyoto por
considerarlo de aplicación ineficiente. Es claro que el efecto
invernadero que provocan
dichas emisiones tendrán un efecto sumamente perjudicial para las generaciones futuras, que deberán
afrontar cambios climáticos, inundaciones producto de los deshielos
polares, convulsiones sociales por los efectos de los cambios climáticos que
provocan hambre, epidemias e inestabilidad social, política y económica.
Otro ejemplo del
aprovechamiento de recursos naturales sin ningún criterio de racionalidad es la
sobreexplotación maderera en la Amazonía, donde se depredan bosques sin
calcular siquiera cual
será el efecto sobre
el medio ambiente
para las generaciones del futuro y sin la previsión
de reemplazar aquellas especies botánicas que se depredan. A lo que debemos agregar
el daño que se produce
en la fauna silvestre que asiste
a la desaparición de su hábitat que, en
casos ya documentados, puede incluso significar su desaparición. Mención aparte
merecen también la explotación minera ilegal, que vierte sus productos de desecho mineral a las fuentes hídricas, contaminando y afectando la flora y fauna de las mismas.
Sin embargo,
hay que decir
que la ética del Gorgias, en lo que se refiere a la concepción adaptativa de
felicidad, tiene plena vigencia y permitiría la convivencia pacífica
de los hombres, porque nuestra conducta debe estar orientada a la búsqueda
del bien y al logro de la felicidad de una manera
racional, es decir,
atendiendo a los medios que tenemos para satisfacer nuestros deseos con
moderación; lo que según Sócrates hace buenos y justos a los hombres (Platón, 2017).
CONCLUSIONES
1. En el Gorgias Sócrates expone
su opinión sobre
la retórica, a la que el considera una simple adulación que solo busca dar placer a los interlocutores, aún sin conocer la naturaleza de las cosas,
ni sus causas; por este motivo,
el orador, sin tener conocimiento sobre lo justo y lo injusto,
es capaz de convencer
en los tribunales y las asambleas, sobre las cosas
en las que no tienen ni la práctica ni la experiencia. La retórica buena es aquella que enseña con la verdad y busca que sus interlocutores se
conviertan en mejores hombres.
2. La búsqueda de la felicidad, según
Sócrates, debe realizarse satisfaciendo los deseos de una manera racional y no de una manera
irracional, sin ninguna limitación y conforme se vayan
presentando. Sócrates recomienda la moderación en la satisfacción de los deseos,
porque la moderación hace de las personas justas
y buenas.
3. Sócrates introduce en el Gorgias enseñanzas ético morales, donde
responde la pregunta ontológica ¿cómo debemos vivir? y la pregunta
epistemológica ¿cómo podemos saber cómo debemos vivir? La respuesta a la primera
pregunta es que nuestras acciones y nuestra conducta deben estar dirigidas a la búsqueda
del bien; y la
respuesta a la segunda pregunta
es la búsqueda de la felicidad
con moderación, de tal manera que la satisfacción de nuestros
deseos no termine afectándonos a nosotros mismos ni
a nuestros semejantes.
4. Las normas ético morales que
se plantean en el Gorgias contribuyen a la convivencia pacífica
entre los hombres, practicando la moderación en la satisfacción de nuestros deseos,
alejándonos de la satisfacción de los mismos
sin considerar el derecho que tienen nuestros semejantes
para la satisfacción de sus propios deseos,
en el presente y en el futuro.
5. Finalmente, el Gorgias no solo debe ser leído atendiendo a las características de la retórica, que debe buscar la enseñanza de los interlocutores con la
verdad, sino también extrayendo de dicho diálogo las enseñanzas morales
sobre una forma de
vida que sea guiada por la búsqueda
del bien y por la moderación en la satisfacción de
nuestros deseos.
REFERENCIAS
Aristóteles. (1985). Ética Nicomáquea. Gredos. Dynnik M. A. (1968). Historia de la Filosofía. Grijalbo.
Guthrie, W. K. C. (1998). Historia de la filosofía griega. Gredos.
Irwin, T. (2000). La ética Platónica. Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM.
Kant, I. (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Ariel.
Marías, J. (1966). Historia de la Filosofía. Revista De Occidente.
Mill, S. (1974). El utilitarismo. Aguilar.
Nietzsche, W. (1977). Aurora. Biblioteca Nueva.
Platón. (2017). República Parménides Teitetos. Gredos.
Reale, G. y Antiseri, D. (1995). Historia del pensamiento filosófico y Científico (Tomo I). Herder.
Schopenhauer,
A. (2000). El arte de ser feliz. Herder.