Regionalismo estratégico y autonomía económica en América Latina:

desafíos en un orden internacional fragmentado

Strategic Regionalism and Economic Autonomy in Latin America: Challenges in a Fragmented International Order

Autora: Natalia Melgar Alassio

natalia.melgar@ucu.edu.uy

Profesora investigadora de Alta Dedicación.

Universidad Católica del Uruguay, Montevideo, Uruguay.

ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5015-0822

Citar como: Melgar Alassio, N. (2026). Regionalismo estratégico y autonomía económica en América Latina: desafíos en un orden internacional fragmentado. Revista Peruana de Ingeniería, Arquitectura y Medio Ambiente, 6(1), 7-9. https://doi.org/10.37711/rcie.2026.6.1.1

Recibido: 05/11/25

Aprobado: 12/12/25

Publicado: 20/01/26

En los últimos años, la economía mundial se ha vuelto más inestable y fragmentada. La rivalidad entre grandes potencias, los cambios en las cadenas de suministro y el regreso de políticas industriales activas han puesto en cuestión la idea de que el libre comercio global, por sí solo, garantiza eficiencia y bienestar. La pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania y las tensiones tecnológicas entre Estados Unidos y China se suman a la preocupación por la seguridad energética y alimentaria, acelerando una reconfiguración profunda del comercio y la producción (Hrynkiv, 2022).

En este contexto, varios sectores clave como la energía, los semiconductores o los llamados minerales críticos han pasado a ser vistos no solo como motores económicos, sino como parte de la seguridad nacional. La interdependencia económica ya no se percibe únicamente como una fuente de eficiencia, sino también como una posible fuente de vulnerabilidad y de presión política.

Las principales economías avanzadas han reaccionado con fuerza. En la Unión Europea ha ganado peso la idea de “autonomía estratégica”, que busca reducir dependencias sensibles sin abandonar el multilateralismo (European Commission, 2021). En Estados Unidos se ha impulsado nueva legislación para fortalecer capacidades productivas internas en sectores tecnológicos estratégicos (The White House, 2026). Al mismo tiempo, la transición ecológica y digital se ha convertido en un eje central de la política económica, introduciendo nuevos estándares y herramientas como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), que conecta de forma directa comercio internacional y sostenibilidad ambiental (European Commission, 2023).

Frente a este escenario, América Latina enfrenta viejos y nuevos desafíos. La región sigue dependiendo en gran medida de la exportación de materias primas y tiene poca diversificación productiva, lo que limita su capacidad para capturar valor en actividades intensivas en tecnología y conocimiento. Esa especialización le ha permitido aprovechar ciclos de buenos precios, pero también la expone a una alta volatilidad externa y a una limitada autonomía estratégica. De ahí surge una pregunta clave: ¿puede el regionalismo convertirse en una herramienta real para ampliar el margen de maniobra de la región o seguirá siendo un proyecto incompleto y fragmentado?

El regionalismo latinoamericano ha pasado por distintas etapas. En los años noventa predominó el llamado “regionalismo abierto”, centrado en abrir mercados y competir en el comercio global. En la primera década del siglo XXI, surgieron esquemas con mayor contenido político y social, acordes con los cambios ideológicos de varios gobiernos. Sin embargo, ninguna de estas fases logró consolidar una integración productiva profunda ni una coordinación estable de políticas industriales, tecnológicas o de innovación.

La coyuntura actual añade un nuevo reto: construir un “regionalismo estratégico”. Esto supone que los procesos de integración no sólo faciliten el comercio, sino que fortalezcan las capacidades productivas, tecnológicas y regulatorias de la región en un entorno internacional competitivo y volátil (Kacowicz, 2018). No se trata de apostar por la autarquía ni de cerrar la economía, sino de reducir vulnerabilidades críticas y aumentar la capacidad de negociación colectiva. La autonomía estratégica significa, en este sentido, poder definir prioridades propias y gestionar las interdependencias de manera selectiva (European Commission, 2021).

El camino hacia ese regionalismo estratégico, sin embargo, no es sencillo. La fragmentación política dentro de la región, la superposición de organismos y las diferencias en los modelos de desarrollo dificultan la coordinación (Malamud & Gardini, 2012). A esto se suman las grandes diferencias productivas entre países y las brechas en capacidades tecnológicas y en infraestructura física y digital, que complican la creación de cadenas de valor regionales con mayor contenido tecnológico. La experiencia internacional sugiere que la transformación productiva requiere coordinación público‑privada, inversión sostenida en innovación y marcos regulatorios estables; sin estos elementos, la integración corre el riesgo de quedarse en el plano de los discursos (Cornick, 2013).

Los factores externos también pesan cada vez más. China se ha consolidado como el principal socio comercial de varios países latinoamericanos, lo que ha diversificado vínculos y abierto nuevas posibilidades de financiamiento e inversión. Pero, al mismo tiempo, ha reforzado el patrón de intercambio basado en materias primas. La transición energética global ha incrementado la demanda de minerales críticos abundantes en la región y ha abierto una oportunidad estratégica; aprovecharla dependerá de la capacidad para articular políticas industriales, regulaciones ambientales y encadenamientos productivos locales que agreguen más valor.

La dimensión ambiental se ha vuelto un eje central de esta nueva etapa. Los estándares vinculados a la transición verde redefinen las condiciones de acceso a los mercados y pueden convertirse en barreras indirectas si no se acompañan de políticas de adaptación productiva. El CBAM europeo es un ejemplo de cómo la política climática se integra a la política comercial (European Commission, 2023). Para América Latina, esto implica reforzar capacidades de medición, certificación y reducción de emisiones, así como impulsar la innovación en energías renovables y economía circular. Si se gestiona bien, lo que hoy parece una exigencia puede convertirse en una palanca de modernización productiva dentro de una estrategia de desarrollo sostenible.

Desde la mirada empresarial, la creciente interdependencia regulatoria obliga a anticipar cambios. Las empresas de la región operan en un entorno en el que los estándares ambientales, digitales y laborales influyen cada vez más en las decisiones de inversión y en la organización de las cadenas de valor. Una mejor coordinación regional podría generar economías de escala, armonizar normas y ofrecer mayor previsibilidad. La historia muestra que los procesos exitosos de industrialización tardía combinaron una apertura externa inteligente con políticas deliberadas para fortalecer capacidades internas (Amsden, 2001). Por eso, la articulación entre sector público y sector privado es clave para identificar sectores prioritarios y dirigir recursos hacia actividades más sofisticadas.

La autonomía económica relativa no significa aislamiento ni proteccionismo. Más bien, implica diversificar alianzas de manera inteligente, reducir dependencias críticas y construir capacidad de adaptación frente a shocks externos. En un orden internacional marcado por la rivalidad sistémica y la volatilidad normativa, la integración regional puede servir como plataforma para negociar en bloque y compartir los costos de la transición tecnológica y ambiental. Sin embargo, esto exige superar la lógica de corto plazo y fortalecer instituciones regionales capaces de sostener compromisos en el tiempo.

En suma, la fragmentación del orden internacional redefine el horizonte estratégico de América Latina. El regionalismo estratégico aparece como una opción para ampliar sus márgenes de maniobra en un contexto de competencia geoeconómica. No obstante, su realización dependerá de la voluntad política, de la coordinación efectiva y de la construcción de capacidades productivas y tecnológicas. La región tiene ante sí una disyuntiva: mantener una inserción principalmente extractiva o aprovechar la coyuntura para impulsar una agenda de transformación productiva articulada regionalmente. De la respuesta que se dé a este dilema dependerá no solo su lugar en la economía global, sino también las bases de su desarrollo sostenible en las próximas décadas.

Referencias

Amsden, A. H. (2001). The rise of “the rest”: Challenges to the West from late-industrializing economies. Oxford University Press.

Cornick, J. (2013). The organization of public-private cooperation for productive development policies, IDB Working Paper Series, No. IDB-WP-437. Inter-American Development Bank. https://www.econstor.eu/handle/10419/115416

European Commission. (2023). Carbon Border Adjustment Mechanism. https://taxation-customs.ec.europa.eu/carbon-border-adjustment-mechanism_en

European Commission. (2021, 17 de febrero). Questions and answers: An open, sustainable and assertive trade policy. https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/qanda_21_645

Hrynkiv, O. (2022). Export controls and securitization of economic policy: Comparative analysis of the practice of the United States, the European Union, China, and Russia. Journal of World Trade56(4), 633-656. https://doi.org/10.54648/trad2022026

Kacowicz, A. M. (2018). Regional governance and global governance: Links and explanations. Global Governance, 24(1), 61-79. https://www.jstor.org/stable/44861170

Malamud, A., & Gardini, G. L. (2012). Has regionalism peaked? The Latin American quagmire and its lessons. The International Spectator, 47(1), 116-133. https://doi.org/10.1080/03932729.2012.655013

The White House. (2026, 14 de enero). Fact sheet: president Donald J. Trump takes action on certain advanced computing chips to protect America’s economic and national security. https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/01/fact-sheet-president-donald-j-trump-takes-action-on-certain-advanced-computing-chips-to-protect-americas-economic-and-national-security/